Soluciones bíblicas

Los rostros del amor

La DW documental realizó un estudio a profundidad intentando explicar cómo funciona el amor.

Este sin duda se ha convertido en uno de los enigmas más grandes para el ser humano, ya que “en nombre del amor” hemos perdido la esencia del mismo.

El amor puede definirse como un sentimiento que otorga seguridad, hace desear profundamente ser uno con la persona amada; el mismo, puede otorgar felicidad pero también sufrimiento. Entonces, ¿es el amor un mito?, ¿cómo es que se puede amar toda la vida?

La mecánica del amor puede ser comprendida a través de la compleja tarea biológica de nuestro cerebro, en el que trabaja un agente poderoso al cual se le ha entregado la tarea de hacer posible la producción de una sustancia química llamada también la hormona del amor.

La hormona del amor u oxitocina es generada por el propio organismo y gracias a esta neurohormona el sentimiento de amor se hace presente, viajando a través del torrente sanguíneo y llevando así su mensaje bioquímico a todo el cuerpo, preparándolo para el afecto, la ternura y la confianza, pero, ¿Qué sucedería si nuestro cerebro no puede generar dicha hormona? ¿Existiría acaso una forma de suministrarla al organismo tal como sucede con otro tipo de hormonas?, la respuesta es sí.

La hormona del amor hoy en día puede ser administrada al organismo con el uso de aerosol nasal, pero también puede ser estimulada mediante el manejo de los pensamientos, y eso precisamente es lo que nos explica el neurofeedback.

El neurofeedback es la medición del amor maternal y a la vez entrena y reactiva lo que no está totalmente activo en la función de nuestro cerebro. En 1906, año en que fue descubierta la oxitocina, los estudios revelaron que esta hormona es la responsable de permitir el parto, así como también la producción de leche materna, y hoy se sabe que es la hormona que produce amor entre padres e hijos siendo la clave del cuidado paternal. Por lo tanto, para comprender lo que es el neurofeedback y el papel tan trascendental que puede desempeñar en la reactivación del amor de la madre por un hijo, es importante plantearse la siguiente pregunta, ¿El amor se puede aprender?

Antes de responder a esta pregunta, permíteme llevarte a algunos pasajes bíblicos que irán confirmando lo que estudios a lo largo de los años se han dado la tarea de descubrir.

Juan 3:6 (TLA)

Todos nacen de padres humanos; pero los hijos de Dios sólo nacen del Espíritu.

Hemos observado que en el año en que fue descubierta la oxitocina, los estudios revelaron que dicha hormona era la responsable de permitir el parto, lo cual se traduce en que sin amor jamás podría considerarse un alumbramiento.

En este pasaje observamos con toda claridad que nuestro nacimiento espiritual se debe al profundo amor de Dios hacia nosotros, expresado en el carácter del Espíritu Santo, el cual por puro amor, nos da a luz. Ahora, ya no somos solamente hijos de padres humanos, sino que hemos adquirido también la naturaleza de Dios y todo ello, gracias al amor.

Del mismo modo, hemos visto que la oxitocina permite la producción de leche materna, sin la cual, el niño moriría. Resulta interesante que Dios acerca con cuerdas de amor a sus hijos para alimentarlos, tal como lo vemos descrito en el versículo a continuación.

Oseas 11:4 (DHH)

Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacia mí; los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho; me incliné y les di de comer.

El amor paternal es lo más cercano al amor de Dios. Es un conjunto de habilidades que capacita para la protección, el interés contínuo por el otro, y la satisfacción que queda cuando un padre ve a su hijo crecer desarrollándose en los profundos lazos del amor.

El neurofeedback entrena al cerebro que ha perdido musculatura en el hábito de amar, reactiva lo que no está totalmente activo y que perjudica en el desarrollo adecuado de relación madre e hijo. Los pensamientos pueden ser manejados y se puede ayudar a una madre a ser entrenada en el amor. El amor es entrenado como un músculo y luego este patrón se vuelve automático, ¿se puede entonces aprender a amar?, definitivamente sí. La biología de nuestro cerebro, nuestra psique y nuestras emociones están controladas por neurotransmisores en los que se puede influir.

La ciencia transita un camino un poco más largo para llegar al punto en el que la biblia muestra la praxis de lo que la ciencia inicialmente lo tiene únicamente como teoría. De hecho, la biblia nos invita a que adquiramos el hábito de no dejarnos gobernar por los argumentos que van en contra de Dios, esto es, contra la naturaleza del amor, pues Dios es amor.

Cuando evitamos un pensamiento negativo, lo sustituimos por uno que nos invite a ejercitar nuestro músculo del amor tal como lo dice:

2 Corintios 10:5

Y acabamos con el orgullo que no le permite a la gente conocer a Dios. Así podemos capturar todos los pensamientos y hacer que obedezcan a Cristo.

Ejercitar a nuestro cerebro en el amor, regula nuestra convivencia y garantiza nuestra supervivencia. Para investigar la oxitocina en humanos se requieren modelos, y los mejores modelos son los animales sociales.

Este experimento se llevó a cabo con ratas, y se notó que al activar y desactivar la producción de oxitocina, generaba evidentes cambios en su conducta social. Cuando se estimula la formación de oxitocina se vuelven más sociables, interactúan constantemente porque el cerebro está generando la hormona de la oxitocina. Cuando la hormona deja de producirse, lo que sucede es que las ratas no pueden convivir juntas, no pueden enamorarse y por tanto no pueden procrear.

El amor enseña y capacita para la convivencia. A menudo, cuanto más amor tenemos, menos nos aislamos, menos buscamos quedarnos solos pues se necesita de alguien más con quién compartir aquella sustancia que recorre nuestro torrente sanguíneo convirtiéndolo en amor.

Un enamoramiento agudo se asemeja a un trastorno psicótico, haciendo que nuestro pensamiento entre en un estado de emergencia. Por eso para los biólogos, el amor más que un sentimiento es un instinto como el hambre o la sed, y ese instinto eclipsa el pensamiento al menos por un tiempo. El área frontal del cerebro es la que comúnmente juzga a otras personas, por ejemplo cuando vamos caminando por la calle y vemos a alguien acercarse, vemos los zapatos, observamos como camina, si tiene el cabello largo o si hay algo especial, constantemente nos preocupamos por la valoración social, mientras que las personas que se encuentran en las primeras etapas del amor romántico desactivan esa parte del cerebro. Sencillamente no juzgan a la persona de la cual se está enamorado.

Jesús fue un claro ejemplo de ese estado que mantiene nuestra área frontal del cerebro inhibida en las primeras etapas de enamoramiento, sencillamente que para Jesús, aquella capacidad para no juzgar a la persona que amas, es un sello de su carácter.

No es de sorprenderse que al parecer Jesús nunca tenía sus ojos puestos en los defectos de las personas. En los evangelios si observamos con detalle, existe un hombre en especial que llama la atención de Jesús. El hombre ciego de nacimiento llama la atención de los discípulos, los cuales con un aire de desdén preguntan a Jesús: <Maestro, ¿quién tiene la culpa de que este joven haya nacido ciego? ¿Fue por algo malo que hizo el mismo o sus padres?, a lo que Jesús responde: Ni él ni sus padres tienen la culpa. Nació así para que ustedes vean cómo el poder de Dios lo sana.> Juan 9:2-3 (TLA)

Con frecuencia, Jesús expresa su amor hacia los que llevan por todos lados el membrete de pecador. Se acerca a ellos y les ofrece un amor que no fija su atención en los defectos sino que aprecia con profunda belleza lo que son en lo profundo de su interior. Lo digno de resaltar, es que al ser un amor perfecto, nos invita a ser interiorizado e imitado.

El amor no es un mito y claro que se puede amar toda la vida. El amor no es una experiencia pasiva, es algo que se debe procurar entender si se quiere que funcione y si se quiere hacer perdurar. Tal como hemos visto, el amor puede ser aprendido y ejercitado, no se limita ni se adhiere a sensaciones, sino que se requiere de reemplazar pensamientos que nos alejan de la naturaleza de Dios que es amor, y por el contrario nos acerca a ella.

El amor protege y provee de alimento tal como lo hace una madre o un padre por sus hijos. El amor nos hace seres sociales y nos enseña a aceptarnos pese a nuestras imperfecciones tal como el maestro de maestros nos lo enseñó. Jesús superó la barrera de los defectos y no dejó que su área frontal estableciera un determinado tiempo para amar, sino que pese a los años que pasen, siempre seguiremos siendo amados como la primera vez.

En el amor perfecto no caben tiempos de enamoramiento, sino que el amor se construye primero en nuestra mente y luego se trabaja día a día para que el ser amado sea visto con la misma pasión de la primera vez.

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